¿Prosperidad para muchos o miseria para todos? En Río escogeremos el futuro que deseamos

Dentro de poco más de una semana, los líderes del mundo se reunirán en Brasil, con ocasión de la Cumbre Río + 20 para decidir el tipo de futuro que queremos. Veinte años después de la primera Cumbre de la Tierra, su tema es la economía «verde» en el marco del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza.

¿Por qué es importante la conferencia y a qué se debe la aspiración a una economía «verde»? La economía «verde» tiene como resultado un bienestar humano y una equidad social mejores, así como una reducción importante de los riesgos medioambientales y la penuria ecológica. El crecimiento en la economía «verde» lo impulsan las inversiones que reducen la presión sobre el medio ambiente y los servicios que este nos presta, al tiempo que aumenta la eficiencia energética y del uso de los recursos.

En palabras más sencillas, y citando a un diplomático africano, se trata de nuestra propia estrategia de supervivencia. La economía «verde» es un medio de desarrollo sostenible y una estrategia para conseguir la prosperidad para las personas y el planeta, en el presente y en el futuro. No puede haber desarrollo sostenible sin equidad social, ni crecimiento sin una gestión correcta de los recursos naturales de los que dependen nuestras economías. Necesitamos un desarrollo sostenible para conseguir la prosperidad para la mayoría en vez de miseria para todos.

Hemos registrado bastantes progresos desde 1992, pero está claro que esto no basta. Millones de personas siguen pasando hambre todos los días. Si continuamos utilizando los recursos al ritmo actual, nos hará falta el equivalente de más de dos planetas en 2050 para sostenernos y no se harán realidad las aspiraciones de muchos a una mejor calidad de vida.

Las personas más pobres de nuestras sociedades serán las más afectadas si usamos nuestros recursos de forma insostenible, porque sus vidas y sustento dependen muy directamente del agua, la tierra, el mar, los bosques y el suelo. Existen o surgen nuevos desafíos que plantean una amenaza grave para el desarrollo sostenible, desde el cambio climático y la creciente escasez de agua hasta la baja capacidad de resistencia frente a las catástrofes naturales y la pérdida de biodiversidad y de ecosistemas.

Sin embargo, tenemos las herramientas para hacer frente a estos retos y convertirlos en oportunidades. Muchos países pueden adoptar tecnologías eficientes y sistemas que les permitan explotar sus recursos, desde los bosques y la biodiversidad hasta la tierra y los minerales, de forma sostenible y capaz de afrontar aumentos del consumo. Se calcula que entre el 70 % y el 85 % de las oportunidades para impulsar la productividad de los recursos se encuentran en los países en vías de desarrollo. Los países que aprendan a aprovechar su capital natural de manera inteligente y sostenible serán los ganadores del día de mañana. La transformación en una economía más «verde» podría generar entre 15 y 60 millones de nuevos puestos de trabajo en el mundo en las dos próximas décadas y sacar a decenas de millones de trabajadores de la pobreza, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo.

Esta es la razón por la que la Unión Europea seguirá luchando por que Río + 20 arroje unos resultados ajustados y ambiciosos. Deseamos acometer algo irreversible, algo que incida realmente en la vida de las personas. Al fin y al cabo, esta es una conferencia sobre las personas, sobre nosotros y nuestro futuro. Hemos propuesto metas y objetivos para los recursos naturales esenciales en que se funda la economía «verde»: el agua, los océanos, la tierra y los ecosistemas, los bosques, la energía sostenible y la eficiencia en el uso de los recursos, incluidos los residuos. Estos objetivos son esenciales para el crecimiento sostenible y están relacionados inextricablemente con las cuestiones de la seguridad alimentaria, la reducción de la pobreza y el desarrollo social. Estos objetivos podrían llevar al sector privado a invertir, además de estimular la innovación tecnológica y crear empleo. Uno de los resultados perseguidos de Río es que todas las grandes empresas privadas que coticen en bolsa incluyan la sostenibilidad en sus informes anuales o que expliquen por qué no lo hacen. El Banco Mundial ya ha puesto en marcha una iniciativa interesante por la que las empresas usarían mecanismos de contabilidad de los recursos naturales en sus estadísticas. Esto podría ser el inicio de una nueva realidad, en que cuente el capital natural y la sostenibilidad tenga un valor determinado, pero está claro que no habrá cambios si no participan todos. Habrá que convencer no solo a los políticos, sino también a las empresas, a la sociedad civil y a las personas afectadas.

Mientras que muchos países están en mejor situación hoy que hace veinte años, las poblaciones más pobres del mundo todavía necesitan ayuda para acceder a la educación y a las infraestructuras y cualificaciones adecuadas, razón por la cual la UE sigue siendo la mayor donante de ayuda del mundo. En 2011 donamos 53 millones de euros en ayuda al desarrollo, más de la mitad de la ayuda mundial. Por eso nos atenemos a nuestras promesas. A pesar de la crisis financiera actual, los países de la UE reafirmaron recientemente este compromiso, lo que se traduciría en un gran aumento de la ayuda al desarrollo en 2015, inclusive para proyectos relacionados con los resultados de Río.

Así pues, ¿qué clase de futuro deseamos? Esta es la respuesta de una joven de 17 años, Brittany Trilford, de Nueva Zelanda, ganadora del concurso «El futuro que queremos», la cual se dirigirá a los líderes presentes en Río: «Francamente, me contentaría con tener simplemente un futuro. Tenerlo garantizado. Ahora no lo tengo». No se trata solo del futuro de la generación de Brittany y de las generaciones venideras. Ya se trata de nosotros, de nuestro propio futuro, que ponemos en juego si no conseguimos abordar los problemas representados por unos recursos finitos, un desarrollo insostenible y una pobreza masiva. No perdamos la oportunidad de escoger la clase de futuro que queremos, mientras aún queda tiempo.

Janez Potočnik
Comisario de Medio Ambiente de la UE.

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